Radiografía del sector lácteo: el déficit de abastecimiento en España amenaza con alcanzar el 50% en una década

El sector lácteo español ha encendido todas las alarmas. Según las estimaciones de la Federación Nacional de Industrias Lácteas (Fenil), si la producción nacional continúa estancada y el consumo mantiene un ritmo moderado del 2% anual, el déficit de abastecimiento de productos lácteos en España podría escalar hasta situarse entre el 46% y el 50% en un plazo de diez años. Esta situación dibuja un escenario preocupante de pérdida de autonomía alimentaria para el país.
Durante la presentación del último informe sectorial en Madrid, el presidente de Fenil, Javier Roza, detalló que España cerró el último ejercicio con un déficit exterior de aproximadamente 500.000 toneladas de productos lácteos, lo que se traduce en un saldo negativo de 1.500 millones de euros. Con estas cifras, España se consolida como el Estado miembro de la Unión Europea con el mayor saldo comercial negativo en este sector.
La brecha entre oferta y demanda
Mientras que la producción nacional de leche se ha mantenido estable entre 2021 y 2025, rondando los 8.400 millones de litros anuales, el consumo interno no ha dejado de crecer. Desde la pandemia, la demanda de esta categoría ha aumentado a un ritmo del 7% anual, impulsada por un incremento acumulado de casi 3.000 millones de litros.
Como resultado de este desfase, España se ve obligada a importar actualmente el 35% de los lácteos que consume, dependiendo fuertemente de países vecinos como Francia, Alemania y Países Bajos. El principal foco de este desequilibrio se encuentra en el sector quesero, que acumula un déficit de 300.000 toneladas (resultado de 430.000 toneladas importadas frente a apenas 131.000 exportadas).
Desde la patronal recuerdan el alto consumo de materia prima que exige este mercado: se necesitan en promedio ocho litros de leche para elaborar un solo kilo de queso. A esto se suma el auge de nuevas tendencias y especialidades de leche de vaca —como la mozzarella, la burrata o el queso cottage—, cuya creciente popularidad ejerce una presión adicional sobre la demanda que la ganadería nacional actual es incapaz de absorber.
Un plan de choque en ocho ámbitos
Pese al riesgo estratégico que supone esta dependencia exterior, la industria defiende que el reto es, al mismo tiempo, una oportunidad económica. Cubrir esta brecha con producción y transformación local permitiría generar mayor valor para los ganaderos e industrias, además de dinamizar y fijar población en el medio rural.
Para frenar esta tendencia, Fenil ha propuesto una estrategia fundamentada en ocho grandes áreas de actuación:
- Base productiva y relevo generacional: Garantizar la continuidad de las explotaciones reduciendo la excesiva carga burocrática y simplificando las tareas administrativas.
- Apoyo fiscal y a la inversión: Mejorar la fiscalidad y ofrecer incentivos directos a la actividad rural y al desarrollo industrial.
- Retención de talento y servicios: Facilitar el acceso a la vivienda rural y mejorar los servicios locales para atraer mano de obra al sector.
- Modernización y digitalización: Impulsar la competitividad de las granjas mediante la automatización de procesos.
- Promoción del consumo: Fundamentar los hábitos de consumo en evidencias científicas, especialmente entre las nuevas generaciones.
- Internacionalización: Dotar al sector de herramientas eficaces de apoyo a la exportación para abrir nuevos mercados exteriores.
- Escala y competitividad: Favorecer el crecimiento estructural de las explotaciones eliminando limitaciones normativas desactualizadas.
- Pacto por la innovación: Consolidar una alianza con la distribución alimentaria para acelerar la comercialización y el lanzamiento de nuevos productos derivados de la I+D+i industrial.




