Un informe científico refuerza el papel de los lácteos en la prevención de enfermedades metabólicas y el mantenimiento de la salud ósea

El consumo habitual de leche y productos lácteos, dentro de una alimentación equilibrada y acompañado de hábitos de vida saludables, se asocia a beneficios significativos para la salud metabólica, muscular y ósea. Así lo recoge el “Libro Blanco de los Lácteos”, una publicación elaborada por la Fundación Española de la Nutrición (FEN) en colaboración con la Organización Interprofesional Láctea (InLac), que reúne algunas de las evidencias científicas más sólidas disponibles sobre estos alimentos.
La obra, coordinada por la investigadora Rosaura Leis Trabazo, analiza estudios de alta calidad metodológica con el objetivo de ofrecer una visión rigurosa sobre el papel de los lácteos en la alimentación. Entre los trabajos revisados figuran 22 metaanálisis basados en grandes cohortes de población seguidas durante periodos de hasta 30 años y que, en conjunto, abarcan a más de medio millón de personas.
Uno de los principales hallazgos del informe se refiere a la salud metabólica. La revisión científica identifica una asociación inversa entre el consumo de lácteos y el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. Asimismo, señala que la ingesta de estos alimentos puede contribuir a reducir la incidencia de obesidad en niños y adolescentes cuando forma parte de patrones alimentarios saludables. Los estudios también apuntan a una menor prevalencia de síndrome metabólico entre las personas con un consumo regular de lácteos.
En el caso de los adultos mayores, el documento destaca que la leche, el yogur y otras variedades bajas en grasa se relacionan con una menor aparición de síndrome metabólico y con una reducción del riesgo cardiovascular. Además, se recogen evidencias que sugieren un posible efecto beneficioso sobre el control de la presión arterial.
La publicación también dedica especial atención a la salud muscular y ósea. En este ámbito, destaca el valor de las proteínas lácteas para preservar la masa muscular durante el envejecimiento, especialmente cuando se combinan con ejercicio de fuerza. Paralelamente, la evidencia analizada vincula el consumo de lácteos con una mejor densidad mineral ósea y con una reducción del riesgo de fracturas y osteoporosis.
A partir de estos resultados, el Libro Blanco recuerda que las principales guías alimentarias recomiendan consumir entre dos y cuatro raciones diarias de lácteos, según la edad y las necesidades individuales. En etapas de crecimiento, como la infancia y la adolescencia, el documento insiste en la conveniencia de alcanzar al menos tres raciones al día, una pauta que también se considera adecuada para garantizar un aporte suficiente de calcio y otros nutrientes esenciales.




