mitos sobre la leche
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6 mitos sobre la leche

¿La leche engorda? ¿Es mejor la recién ordeñada? Resolvemos algunas de las dudas más recurrentes sobre este lácteo.

9 noviembre 2021

mitos sobre la leche

El sector de la alimentación es uno de los que mayor cantidad de mitos soporta. Evidentemente, la leche no escapa tampoco a ellos, ya que siempre hemos sabido de algunas medias verdades o directamente, falsedades, sobre este alimento.

Hay personas que han variado sus hábitos alimenticios y de consumo de leche a causa de estos mitos. Por tanto, este artículo pretende arrojar luz sobre los mitos más famosos referidos a la leche. Obviamente cabe decir que todos estos a los que hacemos referencia no tienen ningún tipo de fundamentación científica.

Mitos sobre la leche

La leche engorda

Es quizás uno de los más extendidos, que la leche tiene un efecto muy negativo sobre el peso de una persona. La leche entera, es decir, la que tiene mayor número de calorías, ha ido reduciendo progresivamente su consumo en parte a esta falsedad. Cabe decir que 100 ml de leche entera tienen 66 kcal, frente a las 46 de la semidesnatada o las casi 38 de la desnatada. Por tanto, la diferencia no supone ningún tipo de escollo. Se puede tener un peso totalmente normalizado consumiendo leche entera.

No es la leche lo que hace engordar, sino los hábitos de vida sedentarios y una alimentación poco saludable o desequilibrada. Si alguien tiene sobrepeso y no desea renunciar a la leche entera, lo más adecuado es repasar cuáles son tus hábitos alimenticios y poner orden en donde necesite. Probablemente la leche entera no tenga por qué salir de la dieta de una persona con sobrepeso. Caminar a buen ritmo al menos media hora cada día, evitar el consumo de productos procesados y apostar por los de temporada, permiten llevar un buen control del peso.

Es mejor la leche recién ordeñada que la del súper

Este es uno de los mitos que posee más fuerza, y en parte es debido a la tendencia de consumo que existe hacia la alimentación natural.

Tradicionalmente, y hasta la implantación de la moderna industria lechera, este alimento pasaba de la granja al consumidor sin ningún tipo de control. Una vez que se compraba, se hervía para eliminar los elementos patógenos que pudiera haber en la leche. También se aprovechaba para retirar la nata y fabricar dulces o mantequilla. Un estilo de vida que despierta muchas añoranzas, pero que también tiene bastantes inconvenientes.

La leche que se puede encontrar en el supermercado no es peor que la leche recién ordeñada y, lo que sí se puede decir es que se trata de una leche mucho más segura. Ha pasado por unos controles sanitarios muy estrictos, que comienzan desde la propia granja hasta la planta envasadora.

Se somete a un proceso de pasteurización o de UHT, lo que permite que dure en perfectas condiciones en su envase durante varios meses y que se haya librado de cualquier bacteria que puede hacernos enfermar. De la misma manera, el envase de la leche que se puede encontrar en el súper contiene toda la información nutricional, algo muy a tener en cuenta para gran parte de la población.

Finalmente, la leche recién ordeñada no tiene en cuenta aquellas personas que no pueden digerir la lactosa, o que necesitan de un producto de unas características especiales, como puede ser la leche con un complemento de vitaminas. 

Nadie pretende negar el origen natural de la leche y sus beneficios, pero queda totalmente claro que la leche que se puede comprar en el supermercado es bastante más segura. La razón, su consumo no va a provocar enfermedades como la listeria o trastornos digestivos graves derivados de una incorrecta manipulación o contaminación.

Solo deben tomar leche los niños 

Este es quizás otro de los mitos que ha aparecido recientemente con fuerza. Viene fundamentado por la razón de que los seres humanos somos la única especie animal que seguimos consumiendo leche durante toda la vida.

El resto de las especies dejan de lactancia en cuanto han comenzado la transición hacia la edad adulta. Esto también ocurría originalmente con los humanos de hace 10.000 años, que cuando dejaban de ser niños perdían la capacidad innata de generar lactasa, y eran intolerantes a este azúcar natural de la leche.

Con la implantación de la ganadería entre los primeros asentamientos humanos, se produjo una modificación genética que prolongó esa capacidad de segregar la lactasa, una enzima que descompone la lactosa y desde entonces hace que sea digerible para  buena parte de la población, salvo la que es intolerante a la lactosa. Salvo esta intolerancia, no existe razón alguna que impida a un humano consumir leche durante toda su vida.

Bien es cierto que se trata de un alimento muy completo para los niños, dada su gran cantidad de nutrientes. Es más, si una mujer embarazada consume la cantidad suficiente de lácteos y de calcio, el feto se desarrollará mejor.

Privarse de la leche en edad adulta no tiene ningún tipo de fundamentación científica, tampoco supone un problema para nuestra salud ni nada parecido. Gracias a los nutrientes que se encuentran presentes en la leche, las personas recibimos un buen aporte de vitaminas y de ácidos grasos, por no hablar de minerales como el calcio o el fósforo, que están muy bien representados en los lácteos.

La leche produce mocos

Este es otro de los mitos que no tienen ningún tipo de fundamento científico. Sin embargo, es uno de los mitos más extendidos, ya que hunde sus raíces en el siglo XIII, cuando un médico judío de la corte de Maimónides relacionó el consumo de leche con la producción de mucosidad. El consumo de leche no favorece la secreción de las mucosas, y, por tanto, su consumo no está contraindicado cuando nos encontramos resfriados. De hecho, se han producido estudios con grupos de personas a las que se le suministraba leche de vaca y leche de soja para estudiar la secreción de mucosidad, y los resultados no extrajeron ningún tipo de conclusión que avalase ese mito.

Algunos padres privan a sus hijos de este alimento cuando se encuentran enfermos, lo que no tiene ningún sentido. La leche solamente debe dejar de consumirse si un profesional de la medicina lo indica en algún caso en concreto, pero no será así cuando alguien pase un catarro o un resfriado.

Estos son quizás los mitos más relevantes sobre la leche. Lo más indicado es no hacer caso a ellos porque no presentan ningún viso de realidad y no se encuentran demostrados científicamente. La leche no produce ningún tipo de problema sobre la salud en individuos sanos, por lo que continuar con su consumo es quizás la pauta más indicada para tener los nutrientes que necesitamos.

La leche contiene hormonas añadidas

Absolutamente falso. En Europa está prohibido por el reglamento de la propia Unión Europea hormonar a las vacas con somatotropina bovina, para que produzcan mayor cantidad de leche. De hecho, esto es así desde 1994, y aunque esta regulación se suele revisar, siempre se prorroga. En Estados Unidos está permitido el uso de esta hormona, pero se ha demostrado que produce mayor índice de mastitis en las vacas y problemas en el parto.

La leche ecológica es mejor que la convencional

No es que sea una leche mejor, sino que asegura que el ganado ha tenido acceso a pastos, aunque esto no sólo ocurre en la leche ecológica certificada, sino también en la leche de Pastoreo con certificación. Por tanto, dependiendo de la variedad de pasto que consuma la vaca, la leche que produce puede tener mayores variaciones de grasas y de proteínas.

En definitiva, cuando estamos comprando una leche no ecológica, encontraremos menos diferencias en el sabor. Por otro lado, cuando una vaca de una explotación ecológica necesita algún tipo de tratamiento veterinario, no será utilizada para proporcionar leche durante un periodo de 12 meses.

La decisión de adquirir una u otra vendrá determinada por nuestros gustos, nuestro bolsillo o conciencia, pero la leche convencional sigue unos rigurosos estándares de calidad que la hacen ser totalmente segura.

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