Cuajada del queso y elaboración

Cuajo animal, vegetal y microbiano: qué cambia en el queso

El cuajo tradicional en la elaboración de queso es de origen animal, aunque en los últimos años se han desarrollado alternativas. ¡Conoce sus diferencias!

/ Publicado: 9 octubre 2026 | Contenido actualizado: 9 octubre 2026

Cuajada del queso y elaboración

El cuajo es uno de los ingredientes clave en la elaboración del queso. Su función es transformar la leche líquida en una cuajada que después se corta, se desuera y se somete a diferentes procesos hasta obtener el producto final. Aunque el cuajo de origen animal ha sido tradicionalmente el más utilizado en la elaboración de quesos, existen alternativas vegetales y microbianas que permiten coagular la leche y que pueden influir de manera distinta en la textura, el sabor y la evolución del queso durante la maduración. 

La elección del coagulante no depende únicamente de su procedencia. También intervienen su actividad enzimática, la composición de la leche, las condiciones de elaboración y el tiempo de maduración. Por eso, dos quesos elaborados con leche similar pueden presentar diferencias sensoriales cuando se emplean coagulantes distintos. 

Qué es el cuajo y para qué se utiliza

El cuajo es una preparación con enzimas capaces de coagular la leche. Su acción se centra en las caseínas, las proteínas que forman unas estructuras microscópicas denominadas micelas. Cuando las enzimas actúan sobre estas estructuras, favorecen que se agrupen, formando una red que retiene parte de la grasa y del agua de la leche. El resultado es la cuajada, que se separa del suero durante las siguientes etapas de elaboración. 

En el cuajo animal, una de las enzimas principales es la quimosina, acompañada en proporciones variables por otras proteasas, como la pepsina. La quimosina actúa sobre la κ-caseína, una proteína que contribuye a mantener estables las micelas. Al modificarla, facilita que las micelas se agreguen y formen el gel característico de la cuajada. 

La coagulación es una etapa decisiva porque condiciona la firmeza de la cuajada, la facilidad para expulsar el suero y parte de los cambios que experimentará el queso durante su maduración. No obstante, el coagulante no determina por sí solo las características finales: también son fundamentales la leche empleada, el cultivo iniciador, la temperatura, el corte de la cuajada, el salado y las condiciones de maduración. 

De dónde procede el cuajo animal

El cuajo animal tradicional se obtiene del abomaso, el cuarto compartimento del estómago de los rumiantes. En la elaboración quesera se ha utilizado especialmente el procedente de terneros lactantes, aunque también existen preparaciones obtenidas de corderos y cabritos. Este órgano contiene enzimas digestivas, entre ellas quimosina y pepsina, que permiten coagular la leche. 

La proporción entre ambas enzimas varía según el origen y la preparación del cuajo. Esta composición influye en su comportamiento durante la elaboración y en la degradación posterior de las proteínas. La quimosina presenta una acción relativamente específica sobre la κ-caseína, mientras que otras proteasas pueden actuar sobre un conjunto más amplio de proteínas. 

El cuajo animal sigue siendo una referencia tecnológica en la industria quesera por su eficacia y por el conocimiento acumulado sobre su comportamiento en distintas variedades. Sin embargo, su origen supone una limitación para quienes no consumen ingredientes de origen animal por motivos éticos, religiosos, de salud o dietéticos. Esta circunstancia, junto con las necesidades de producción, ha favorecido el desarrollo de coagulantes alternativos. 

Plantas tradicionalmente utilizadas para coagular la leche

El cuajo vegetal se obtiene de plantas que contienen enzimas con capacidad coagulante. Uno de los ejemplos más conocidos en la tradición quesera de la península ibérica es el cardo (Cynara cardunculus), cuyas flores se han utilizado para elaborar determinados quesos, especialmente de leche de oveja y cabra. 

Las flores del cardo contienen proteasas vegetales, entre ellas cardosinas, capaces de actuar sobre las proteínas de la leche y provocar su coagulación. Su utilización no solo permite obtener cuajada, sino que también puede contribuir a desarrollar perfiles sensoriales particulares durante la maduración. 

Existen otras plantas con enzimas coagulantes, como la higuera (Ficus carica), aunque su uso y sus resultados dependen de la especie, de la parte vegetal empleada y de las características del extracto. No todas las plantas que contienen proteasas resultan adecuadas para fabricar cualquier tipo de queso: es necesario valorar su capacidad para coagular la leche y el grado en que degradan sus proteínas. 

Esta última cuestión es especialmente importante. Algunas enzimas vegetales tienen una actividad proteolítica amplia, es decir, pueden descomponer las proteínas más allá de lo necesario para formar la cuajada. En determinadas condiciones, esto puede provocar una textura demasiado blanda o la aparición de sabores amargos. Por ello, la selección del coagulante y el ajuste de la dosis son fundamentales para conseguir un producto equilibrado. 

Cómo se producen los coagulantes microbianos

Los coagulantes microbianos se obtienen a partir de microorganismos capaces de producir enzimas que coagulan la leche. Para su fabricación se cultivan microorganismos seleccionados, como determinados hongos, en condiciones controladas. Después se recuperan y purifican las enzimas de interés para utilizarlas en la elaboración del queso. 

Entre los coagulantes microbianos empleados en quesería se encuentran proteasas producidas por hongos de los géneros Rhizomucor y Cryphonectria. Su composición y comportamiento dependen del microorganismo utilizado y del proceso de producción. Frente al cuajo animal, estos coagulantes permiten disponer de una fuente alternativa de enzimas y facilitan una producción industrial controlada. 

Conviene distinguirlos de la quimosina producida mediante fermentación. En este último caso, se emplean microorganismos a los que se ha incorporado la información genética necesaria para producir quimosina. Aunque el proceso de fabricación utiliza microorganismos, la enzima obtenida busca reproducir la actividad de la quimosina animal. Por tanto, no debe confundirse automáticamente la quimosina producida por fermentación con los coagulantes microbianos convencionales: son categorías distintas desde el punto de vista tecnológico. 

Diferencias durante la elaboración y la maduración

Los tres tipos de coagulante pueden provocar la coagulación de la leche, pero no actúan necesariamente de la misma manera. La diferencia principal está en las enzimas que contienen y en su especificidad: algunas actúan de forma más selectiva sobre las proteínas implicadas en la coagulación, mientras que otras pueden degradar un mayor número de proteínas. 

Esta actividad enzimática influye en la firmeza de la cuajada, la retención de humedad y la evolución de la estructura proteica. Durante la maduración, las enzimas residuales continúan actuando sobre las proteínas del queso y generan péptidos y otros compuestos que contribuyen al desarrollo del sabor y la textura. 

En consecuencia, el efecto de un coagulante no termina cuando la leche cuaja. Su actividad puede seguir influyendo durante semanas o meses, según la variedad y las condiciones de conservación. La combinación de coagulantes también es una opción tecnológica: puede ayudar a ajustar la coagulación y a moderar determinados efectos sensoriales. 

No existe, sin embargo, una regla universal según la cual un tipo de cuajo produzca siempre un queso más firme, cremoso o aromático. Los resultados dependen de la enzima concreta, la especie animal de la que procede la leche, la tecnología de elaboración y el tiempo de maduración. Los estudios sobre quesos de oveja y cabra elaborados con extractos de cardo, por ejemplo, muestran diferencias de textura y sabor que varían según el proceso utilizado. 

Cómo puede afectar al sabor, la textura y el amargor

La actividad proteolítica es uno de los factores que explican las diferencias sensoriales entre quesos elaborados con distintos coagulantes. Al descomponer las caseínas, las enzimas generan péptidos que participan en el desarrollo del sabor durante la maduración. Algunos contribuyen a notas características y agradables; otros, dependiendo de su composición y concentración, pueden producir amargor. 

Este fenómeno se ha estudiado especialmente en determinados coagulantes vegetales y microbianos. Cuando su actividad proteolítica es elevada o poco específica, aumenta la posibilidad de que se formen péptidos amargos. Sin embargo, el resultado no es inevitable: influyen el tipo de enzima, la dosis utilizada, la composición de la leche, el salado y la actividad de los microorganismos presentes durante la maduración. 

La textura también puede cambiar. Una degradación más intensa de la matriz proteica puede favorecer una consistencia más blanda o una estructura menos firme, aunque la relación depende del queso y del proceso. En algunas variedades elaboradas con cardo, por ejemplo, se han descrito texturas menos firmes y sabores más intensos que en quesos comparables elaborados con cuajo animal. En otras elaboraciones, las diferencias son pequeñas o responden a características específicas del producto. 

Por tanto, no es correcto afirmar que el cuajo vegetal siempre amarga el queso o que el microbiano produce necesariamente una textura determinada. La procedencia del coagulante aporta información relevante, pero debe interpretarse junto con el resto de las variables de elaboración. 

Cómo saber si un queso es apto para vegetarianos

Que un queso esté elaborado con leche y no contenga carne no significa que sea necesariamente apto para vegetarianos. La cuestión principal es el origen del coagulante utilizado. El cuajo animal tradicional procede del estómago de un animal, mientras que los coagulantes vegetales y algunos microbianos ofrecen alternativas que no se obtienen directamente de tejidos animales. 

Aun así, no todos los coagulantes microbianos o producidos mediante fermentación deben darse por aptos automáticamente sin comprobar el producto concreto. La idoneidad puede depender de los ingredientes, del proceso de fabricación y de los criterios que siga cada consumidor. Quienes necesiten una garantía específica pueden buscar una certificación vegetariana o consultar al fabricante. 

También es importante distinguir entre un queso elaborado con cuajo vegetal y uno que utiliza un coagulante producido por microorganismos. Ambos pueden ser alternativas al cuajo animal, pero sus métodos de obtención son diferentes. La denominación comercial o una referencia genérica a enzimas no siempre permite conocer por sí sola el origen exacto. 

Qué información puede aparecer en la etiqueta

La etiqueta puede ayudar a identificar el coagulante, pero no siempre ofrece el mismo nivel de detalle. Según el producto y las normas de etiquetado aplicables, pueden aparecer menciones como “cuajo animal”, “cuajo vegetal», “coagulante microbiano» o referencias más generales a enzimas. También pueden utilizarse indicaciones específicas sobre la aptitud para vegetarianos cuando el fabricante dispone de una base adecuada para hacer esa declaración. 

En la Unión Europea, la información obligatoria sobre ingredientes y las condiciones para declarar enzimas alimentarias dependen de su función tecnológica y de la normativa aplicable. Por ello, no siempre debe esperarse que el origen del coagulante figure de forma explícita en todos los quesos. Si la etiqueta no lo aclara, la opción más fiable es consultar la información facilitada por el fabricante. 

En definitiva, el cuajo es mucho más que un ingrediente que hace que la leche se solidifique. Su origen y su actividad enzimática pueden influir en la estructura y en la evolución del queso, pero sus efectos dependen del conjunto del proceso. Conocer estas diferencias ayuda a comprender por qué existen tantas variedades queseras y qué información conviene consultar al elegir un producto. 

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