El sistema inmunológico se beneficia del calcio y la proteína presente en los lácteos, así como del zinc.

Los lácteos y su relación con el sistema inmunológico

Los lácteos, como la leche y sus derivados, tienen un papel relevante en el sistema inmunitario debido a los nutrientes que contienen. La respuesta inmunitaria pertenece a un sistema complejo y multifacético.

1 agosto 2023

El sistema inmunológico se beneficia del calcio y la proteína presente en los lácteos, así como del zinc.
El sistema inmunológico se beneficia del calcio y la proteína presente en los lácteos, así como del zinc.

 

Los lácteos, como la leche y sus derivados, tienen un papel relevante en el sistema inmunológico debido a los nutrientes que contienen. La respuesta inmunitaria pertenece a un sistema complejo y multifacético, influenciado por una variedad de factores, incluida la dieta. Si bien los lácteos pueden tener un impacto positivo en el sistema inmunitario debido a su contenido nutricional, algunas personas pueden ser intolerantes a la lactosa o alérgicas a las proteínas de la leche, lo que podría afectar negativamente su respuesta inmunitaria. 

¿Cómo influyen los lácteos en el sistema inmunológico? 

Los lácteos pueden influir positivamente en el sistema inmunológico debido a los nutrientes que contienen y los principales componentes de estos. La relación de la alimentación con el sistema inmunológico es estrecha, pero debe atenderse a diferentes variables y necesidades específicas como consumidor. 

Para favorecer el sistema inmunológico, es recomendable optar por aquellos lácteos que contengan la mayor cantidad de minerales o vitaminas, entre otros nutrientes, que resultan beneficiosos para la función inmunológica. Estos son: 

  • Proteínas. Los lácteos son una fuente importante de proteínas, como la caseína y la proteína de suero, que son esenciales para el crecimiento y la reparación de los tejidos, incluidos los del sistema inmunológico. Las proteínas son necesarias para la producción y función de los anticuerpos, que son moléculas clave en la respuesta inmunitaria.  
  • Calcio. Los lácteos son una de las principales fuentes de calcio en la dieta. El calcio desempeña un papel crucial en la función celular, incluidas las células del sistema inmunológico, y es necesario para la comunicación y la activación de ciertas células inmunitarias.  
  • Vitamina D. Los lácteos contienen vitamina D de forma natural y algunos de ellos son y fortificados para incrementar sus niveles. La vitamina D es esencial para el funcionamiento adecuado del sistema inmunológico, ya que ayuda a regular la respuesta inmunitaria y fortalece la función de las células inmunitarias.  
  • Probióticos. Algunos lácteos, como el yogur y los productos fermentados, contienen probióticos, que son microorganismos beneficiosos para la salud intestinal. Un intestino sano está relacionado con un sistema inmunológico más fuerte, ya que las bacterias intestinales juegan un papel importante en la regulación de la respuesta inmunitaria.  
  • Zinc. Los lácteos también pueden proporcionar zinc, un mineral que es esencial para el buen funcionamiento del sistema inmunológico. El zinc es necesario para la producción de células inmunitarias y para la función adecuada de los linfocitos. 

¿Cuáles son los mejores lácteos para el sistema inmunológico? 

La alimentación humana debe ser variada y equilibrada en un escenario ideal para obtener así todos los nutrientes que el cuerpo necesita, incluyendo aquellos que favorecen el sistema inmunológico. Además de los lácteos, también es esencial para el organismo consumir una amplia variedad de frutas, verduras, granos enteros, proteínas magras y grasas saludables para mantener un sistema inmunológico fuerte y saludable. 

Los lácteos más favorables para el sistema inmunológico son: 

  • Yogur natural. El yogur natural, especialmente aquellos que contienen cultivos probióticos, pueden promover la salud intestinal y fortalecer el sistema inmunológico. Las bacterias probióticas ayudan a mantener el equilibrio de la microbiota intestinal y mejoran la respuesta inmunitaria.  
  • Kéfir. Similar al yogur, el kéfir es una bebida fermentada rica en probióticos y otros nutrientes, como proteínas, calcio y vitamina D. El kéfir puede ayudar a mantener la flora intestinal y, por lo tanto, mejorar la función inmunológica.  
  • Leche fortificada con vitamina D. La vitamina D es esencial para un sistema inmunológico saludable y por eso algunas leches están fortificadas con este nutriente, ya presente de forma natural en ella. Optar por estos alimentos puede ser beneficioso, especialmente si tienes deficiencia de vitamina D.  
  • Queso. El queso es una buena fuente de proteínas y calcio, que son nutrientes importantes para el sistema inmunológico. Sin embargo, es recomendable elegir opciones más saludables, como el queso fresco o el queso bajo en grasa, y consumirlo con moderación debido a su contenido calórico.  
  • Leche. Optar por un vaso de leche puede ser una opción más saludable y fácil en comparación con otras opciones. Sin embargo, la grasa puede tener un impacto negativo en la función inmunológica. 

¿Los lácteos frescos son un riesgo para el sistema inmunológico? 

Los lácteos frescos, como la leche no pasteurizada o cruda, pueden presentar ciertos riesgos para el sistema inmunológico y la salud en general. Si bien algunas personas pueden argumentar que la leche cruda tiene beneficios nutricionales adicionales, los riesgos para la salud superan a las ventajas. Lo más recomendable es optar por productos lácteos pasteurizados para reducir los riesgos asociados con los lácteos frescos no pasteurizados. 

Es necesario recordar que la pasteurización es un proceso seguro y efectivo que ayuda a eliminar los riesgos de contaminación bacteriana y enfermedades transmitidas por los alimentos asociados con los lácteos frescos no pasteurizados. La leche pasteurizada y los productos lácteos comerciales son seguros para el consumo y no representan los mismos riesgos que la leche cruda.    

Algunos de los riesgos asociados con el consumo de lácteos frescos no pasteurizados:  

  • Contaminación bacteriana. La leche no pasteurizada puede contener bacterias dañinas como Salmonella, E. coli, Listeria y Campylobacter. Estas bacterias pueden causar infecciones graves y poner en peligro la salud, especialmente en personas con sistemas inmunológicos debilitados, niños pequeños, mujeres embarazadas y personas mayores.  
  • Riesgo de intoxicación alimentaria. Al no haber sido sometida al proceso de pasteurización, la leche cruda puede ser una fuente potencial de intoxicación alimentaria, lo que puede debilitar el sistema inmunológico y causar problemas de salud de variable gravedad.  
  • Alergias y sensibilidad. Algunas personas son alérgicas o tienen intolerancia a ciertas proteínas y azúcares presentes en la leche fresca, lo que puede desencadenar reacciones alérgicas y afectar a la función inmunológica. 

¿Qué ocurre con los lácteos y el sistema inmunológico de personas intolerantes a la lactosa y alérgicas a la proteína de la leche? 

En personas alérgicas a la leche, los lácteos pueden desencadenar una respuesta inmunitaria adversa, mientras que, en personas intolerantes a la lactosa, pueden provocar problemas digestivos debido a la falta de la enzima lactasa. 

En ambos casos, es importante evitar el consumo de lácteos que desencadenen una reacción adversa. Para las personas alérgicas a la leche, la mejor opción es eliminar completamente los lácteos y productos que contengan proteínas de la leche de su dieta. En el caso de la intolerancia a la lactosa, algunas personas pueden tolerar pequeñas cantidades de lácteos o recurrir a productos lácteos sin lactosa o a alternativas no lácteas. 

  • Alergia a la leche. La alergia a la leche es una reacción adversa del sistema inmunitario que puede provocar síntomas alérgicos como urticaria, dificultad para respirar, hinchazón, vómitos, diarrea, entre otros. Las alergias a la leche suelen ser más comunes en la infancia. 
  • Intolerancia a la lactosa. La intolerancia a la lactosa es una condición en la cual el organismo no produce suficiente lactasa que causa síntomas como hinchazón, gases, cólicos y diarrea. La intolerancia a la lactosa no está relacionada en sí misma con el sistema inmunitario, sino con la falta de una enzima necesaria. 

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