Nata y el embarazo
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¿Pueden tomar nata las mujeres embarazadas?

El consumo de nata durante el embarazo no está prohibido, pero sí que hay que tener una serie de precauciones en cuenta.

9 noviembre 2021

Nata y el embarazo

La nata es un producto derivado de la leche de cualquier animal, aunque esta denominación se utiliza de forma exclusiva para la de vaca. Es conocido que la leche es un alimento con muchísimas propiedades; de hecho, su consumo se fomenta al comienzo de la domesticación del ganado, hace 10.000 años. 

Por otro lado, el embarazo es una etapa de la vida de la mujer que requiere de unas necesidades específicas. Si bien el rango de alimentos permitidos es amplio, hay productos con los que conviene tener cierta cautela. ¿Es la nata uno de ellos? Ya se sabe que los productos lácteos pueden presentar algún requerimiento especial, y la nata no queda fuera de esta excepción.

Consumo de lácteos en el embarazo

Los productos lácteos están recomendados durante la etapa de embarazo, como sabes bien el calcio es fundamental para el embarazo. Su amplio rango nutricional permite que tanto la mujer como el bebé gestante se beneficien de todas las cualidades de la leche. Para comenzar, por la gran cantidad de ácidos grasos, que intervienen directamente en la función cardiaca y cerebral. Las vitaminas presentes, del tipo B, aportan un alto poder biológico. Además, en la leche se encuentra presente el ácido fólico, que los ginecólogos recomiendan consumir de manera suplementaria durante la etapa del embarazo.

Los minerales presentes en la leche, el calcio de manera mayoritaria, junto con el magnesio, el fósforo, el potasio y el zinc, permiten al organismo tener su dosis diaria recomendada de estos nutrientes. De la misma forma, la leche es muy rica en proteínas, abundando la caseína. El aporte de proteínas que proporciona la leche puede compararse al de otros productos, como los cárnicos o el pescado.

Recomendación de consumo de leche en el embarazo

Salvo problema de salud específico, la leche ha de ser consumida durante toda la fase del embarazo. Si una mujer la toma de manera habitual antes de este estado, no hay ningún motivo que le lleve a dejar de consumirla. Se puede decir que la dosis diaria recomendada de lácteos, preferiblemente enteros, es de 3 a 4 raciones diarias. ¿ Y qué es una ración de lácteo? Una taza de 250 ml, 2 yogures de 125 gramos, unos 100 gramos de queso fresco o 30 gramos si es curado o una cuajada casera.

En el caso de que se decida optar por el consumo de leche semidesnatada o desnatada, conviene saber que en el proceso de retirada de las grasa, la nata, se van gran parte de las grasas beneficiosas para el organismo. Aunque la mayor parte de fabricantes incorporan suplementos, siempre es una buena opción optar por leche con un aporte vitamínico específico. De esta forma, la mujer sigue consumiendo la leche que le agrada y esta le va a seguir aportando todos los requerimientos nutricionales que necesita.

Una norma fundamental referida al consumo de lácteos, los que se toman durante el embarazo han de estar pasteurizados. Este proceso consigue eliminar todos los gérmenes, ya que la leche se somete durante unos segundos a una temperatura próxima a los 135°. 

La opción de la pasteurización o la leche UHT, que consigue temperaturas mayores, deben ser las únicas. Todas las leches que se encuentran en un supermercado son totalmente seguras, pero, por precaución, es mejor abandonar el consumo de leche fresca durante esa fase de la vida de mujer. La razón es que no han sido sometidas a un tratamiento térmico tan intenso con las bacterias como la pasteurizada y sobre todo, porque su periodo de consumo preferente es muy inferior, siendo más fácil que caduque y deje de ofrecer todas las garantías.

Si quieres saber más información no te pierdas nuestro artículo sobre la leche y el embarazo.

¿Y la nata?

Este derivado de la leche es la materia grasa presente en ella. Se separa de la leche por centrifugación, y tras ese proceso, se ajusta el grado de materia grasa dependiendo del uso que se le vaya a proporcionar. Una mujer embarazada puede consumir nata sin inconvenientes, pero hay que atender a dos pilares básicos.

En primer lugar, la nata tiene 360 kcal por cada 100 gramos, es decir, se trata de un alimento altamente calórico. Por tanto, hay que tener precaución con la ingesta, para garantizar durante todo el embarazo una alimentación saludable y equilibrada. Además, en el caso de la nata montada azucarada, su consumo excesivo puede favorecer la denominada diabetes gestacional. 

Desde el punto de vista nutricional, la nata como todos los lácteos, contiene calcio y vitamina D, aunque en menor proporción que la leche. Sin embargo, la nata aporta una buena cantidad de vitamina A, ya que cuenta con seis veces más de este nutriente que la leche entera. También se trata de un producto rico el fósforo. Nutricionalmente, 100 g de nata aportan 360 kcal. En esa cantidad, hay además 2,7 gramos de proteínas, 38 g de lípidos y 1,8 g de hidratos de carbono. 

Cabe volver a incidir en que la nata, como lácteo, debe ser pasteurizada o incluso con tratamiento UHT. Se trata de un alimento de origen animal que ha de ser escrupulosamente manipulado. Por tanto, las mujeres embarazadas han de tomar nata segura. La nata montada, siempre congelada, y la de cocinar, que haya alcanzado su temperatura óptima durante un tiempo. La industria láctea se toma muy en serio este asunto, ya que adopta las máximas precauciones para evitar problemas. Basta que una marca cause un brote de, por ejemplo, listeriosis, para que caiga en desgracia.

Y es posible extraer nata de manera natural, y a veces, se emplea leche de venta directa por parte de las granjas. Bajo ningún concepto ha de consumirse nata proveniente de leche que no haya sido pasteurizada.

A la hora de comer en restaurantes, y por riesgo de contaminación o por no saber cómo se han manipulado los alimentos, hay que evitar pedir postres con nata montada. Conviene tener en cuenta que el embarazo es un corto periodo de tiempo en el que privarse de un alimento como la nata cuando se sale a comer fuera no supone un problema relevante. Siguiendo estas pautas, se evita la posibilidad de sufrir un problema de salud, que en el caso de un embarazo puede ser significativamente grave.

De la misma forma, en el embarazo hay que ser más escrupuloso con la higiene de los utensilios de cocina. Nunca se debe dejar un envase con nata abierto fuera del frigorífico, sobre todo en los meses de más calor. Pueden desarrollar rápidamente bacterias y provocar un trastorno gástrico a la madre. Si se consume nata líquida o de montar, no dejar el envase abierto en el frigorífico durante más de tres días. Esta norma no se aplica a la nata montada congelada, que aguanta perfectamente a -18°.

Por tanto, no hay ninguna razón por la que no se pueda tomar nata en el embarazo. Solamente hay que recordar que su uso ha de ser esporádico, ya que puede hacer engordar a la mujer y causar diabetes gestacional si la toma montada. Y siempre decantarse por las variedades pasteurizadas o con tratamiento UHT. Si quieres sabes más, no te pierdas nuestro post de alimentación durante el embarazo, cuida de ti y tu bebé. 

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